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La portada de Sábanas Rojas la diseñé yo mismo; desde un primer momento sabía exactamente cómo la quería.

Una de las mejores partes de escribir un libro yace pura y exclusivamente en lo anecdótico, es decir, en la historia detrás de la historia. Siempre hay un por qué de la obra, un para qué, un cómo, y esto es lo que me interesa relatar con esta nota. Referido, como el título indica, al primero de mis libros publicados, Sábanas Rojas.

Para quien lo haya leído, podrá notar que no es una lectura para cualquiera. No todos disfrutan del relato crudo y la dureza con que algunas escenas están descritas. Para el que aún no ha viajado por sus vertiginosas líneas, tal vez este artículo alimente un poco su curiosidad.

Bien, como indica su descripción en todas las redes en que está compartido, Sábanas Rojas es una colección de diez cuentos cortos, algunos del género policial, otros de crímenes pasionales, otros de misterio. Pero la pregunta es, ¿qué me llevó a escribir una obra así?

En primer lugar, tengo que admitir que en mi adolescencia me vi influenciado por dos libros que devoré en pocas horas: “Crónicas de una Muerte Anunciada”, de Gabriel García Márquez, y “Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte”, de Horacio Quiroga. Este último fue el que más me llamó la atención, porque nunca antes había leído un libro de cuentos de estas características. Sin pensarlo demasiado, hice mis primeros intentos, y así fue como a los 16 años escribí mi primer cuento, “Venganza”, que hoy conocemos como “Deudas”.

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Deudas, el “hermano mayor” de la colección.

Por supuesto, Deudas es muy distinto a su boceto inicial, en sentido gramatical y en madurez de redacción. La idea era la misma, y de hecho tanto el comienzo, el nudo y el desenlace son idénticos. También de mi adolescencia vienen los cuentos “Operación Narval”, “El Aniversario” y “Roto en Pedazos”, aunque estos sí que cambiaron desde su primera versión diez años atrás. Operación Narval no tenía un nombre definido, pero su escena inicial con el asesinato en el baño público fue siempre el disparador del cuento.

El Aniversario tenía como nombre “Hasta que la muerte nos vuelva a unir”, como contrapartida de la frase “Hasta que la muerte nos separe”, y era bastante más… cómo decirlo… cursi. Nada tenía que ver con el final trágico de ahora, pero la idea era similar. Roto en Pedazos, en cambio, nunca llegué a escribirlo, sino que era una idea vaga que tenía dando vueltas en la cabeza, hasta que pude darle forma recientemente. Hoy es mi cuento favorito; ¡realmente me siento fascinado (y orgulloso) cuando lo leo!

La pregunta que surge entonces es, ¿por qué no hice Sábanas Rojas mucho antes? Bueno, la verdad es que nunca pensé que escribiría un libro de cuentos hasta hace unos meses. Durante el 2015 me interesé por participar en concursos literarios, y así fue como surgieron los cuentos “Él es Escritor” (otro de mis favoritos) y “Muchas Gracias”, éste último inspirado en una anécdota real que me contó mi novia, Karen.

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Pero tengo que admitir que no me sentía cómodo con los concursos. Nunca supe si los cuentos serían míos, o de la entidad o institución que los promocionaba… Era todo muy incierto, y el temor a perder los derechos sobre mi trabajo me llevó a desistir de estas instancias (aclaro: nunca gané ninguno, por suerte… ¡no quiero ni pensar qué habría sido de mis relatos si lo hubiese hecho!).

Fue a comienzos del 2016 que me di cuenta de que, a mis 27 años, había perdido mucho el tiempo. Mi sueño de ser un escritor hecho y derecho siempre había sido postergado por algún motivo de turno: mis estudios, los exámenes, la “falta de tiempo” (la excusa más vil y mentirosa de todas), los desamores, la lucha contra el desempleo… si bien es cierto que hay que estar de ánimo para escribir, la experiencia me enseñó que es cuestión de tener fuerza de voluntad, disciplina y, sobre todo, evitar la búsqueda de la perfección. Por algo existen las instancias de la revisión y la corrección, y para escribir es necesario entender que nunca los relatos quedarán perfectos en una sola sentada.

Si bien, como ya les conté, mi género favorito es el épico-fantástico y tengo una saga en desarrollo llamada “Mediador de los Ancestros”, opté por seguir el consejo de mi buen amigo Marce e incursionar en el mundo de los e-books. No tenía ni idea de qué tenía que hacer, y no quería cometer errores con esta obra que lleva más de diez años en desarrollo.

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Píntame fue el último cuento que escribí para Sábanas Rojas.

Fue así como me puse la meta de hacer Sábanas Rojas, revisando los cuentos que ya tenía y poniéndome manos a la obra para escribir cuentos nuevos. Adoro mi primer libro, no me avergüenzo de decirlo, porque he aprendido tantas, tantas cosas gracias a él. Lo más lindo es que no considero que ya lo haya concluido, sino que es un proceso en construcción, con su fanpage, las publicidades ocasionales en Facebook, las menciones aquí en Medium.

Concluyo diciendo lo que siempre digo: espero que disfruten de leerlo tanto como yo disfruté escribirlo. ¡Nos vemos la próxima!

Duilio Giordano Faillaci

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