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Mientras comenzaba a pensar en lo que iba a escribir en esta nota, se detuvo en mi mente el título que elegí. Debería haberle puesto algo como “Amo la Gramática Española”; pero no sería del todo cierto.

O sea, sí, adoro mi idioma y las frases que puedo escribir haciendo uso de su gramática, pero la realidad es que me encanta la gramática en general. Tal vez es algo vago de lo que hablar, sin embargo, es algo que realmente determina mi forma de ser. Y, honestamente, creo que cualquier escritor debería realmente hacer de las reglas gramaticales sus principales herramientas. Sus principales aliadas, mejor dicho.

Tuve la suerte de ir a un colegio en el que nos enseñaban latín antiguo, algo que a ojos de un adolescente puede parecer sumamente inútil. No es que nos enseñaban a hablar, sino que nos enseñaban a analizar y traducir; y durante mucho tiempo uno no sabía cuál era el punto de saber hacer eso. Más adelante uno se da cuenta que la utilidad se encuentra en poder analizar algo (lo que sea) parte por parte, estudiarlo, pensarlo con tranquilidad, y luego obtener el resultado deseado. Se trata todo de estructuras mentales.

Aprender a analizar la gramática latina -de la cual, admito, no recuerdo todo lo que me gustaría recordar-, me dio las herramientas necesarias para poder analizar cualquier gramática en sí. Cuando estudié italiano, una de las lenguas derivadas del latín, me resultó sumamente sencillo comprender las estructuras del idioma; lo mismo ocurrió con el francés. No es que sepa hablar fluidamente en ambos idiomas -algo que eventualmente quiero aprender hacer-, pero se siente muy gratificante poder aprender otra lengua con facilidad y sin complicaciones.

Quien tiene en su poder los amplios recursos que ofrece la Gramática -sí, escrita con mayúsculas, ¡cual entidad superior y suprema!-, tiene la capacidad de escribir y reescribir todo lo que desee. Si algunos de ustedes quiere ser escritor, aprendan, lean, practiquen, estudien. ¡Amen la gramática!

Porque hay que entender que no es lo mismo ay que ahí o hay. Se pueden usar juntos si usted sabe cómo: “¡Ay! Ahí hay una espina”.

No es lo mismo visitar a mi papá que a mi papa; de la segunda forma puede ser que otros tubérculos se pongan celosos, y nadie quiere eso…

No es lo mismo a ver que haber. Puedo sentarme a ver mi haber si consulto mis ahorros y mi cuenta bancaria.

Y puedo seguir con muchos otros casos, como de y dé, te y té, sólo y solo, aun y aún… ¡Y ni hablar de esos espíritus benévolos que nos ayudan a comunicarnos mejor, los signos de puntuación!

Una coma puede convertir un cumplido en un piropo y confundirlo todo. Si quisieran felicitarme por mi libro, asegúrense de decir “Duilio, es hermoso”, y no “Duilio es hermoso”. Por más que sea cierto, ¡no deberían ir por ahí recordando a los demás lo hermoso que soy!

Bueno, después de este párrafo tan narcisista y delirante, y de esta serie de ejemplos ejemplificadores, me voy a despedir para no aburrirlos más con mis divagaciones. ¡Nos vemos la próxima!

Duilio Giordano Faillaci

Written by

High Fantasy and Crime Fiction Writer. I love writing. I love Warcraft games. I love pasta.

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